La formación del Estado moderno en Francia fue un proceso muy diferente del que se dio en España. La monarquía no tuvo el problema de tener que unir reinos diferentes con tradiciones políticas y culturales opuestas. Además, como no tuvo la ventaja de ingresos provenientes de un imperio colonial, se vio obligada a llevar adelante la centralización fiscal y administrativa del reino, lo que reforzó la centralización de su poder.
La monarquía de los Capeta extendió lentamente su soberanía, durante los siglos XIII y XIV, desde el centro de Francia hasta Flandes y el Mediterráneo.
Los Valois y la Consolidación del Estado Moderno Francés
A mediados del siglo XIV, la dinastía de los Capeto se extinguió e Inglaterra pretendió el trono de Francia. Pero la mayoría de la nobleza francesa se opuso a tener un rey inglés y apoyó a Felipe de Valois.
La lucha por imponer a la dinastía Valois, de origen francés, y expulsar a los ejércitos ingleses, facilitó el proceso de formación de un Estado moderno. Hacia finales del siglo XV, el poder real estaba fortalecido por un ejército regular y un impuesto directo que no podía ser discutido, pero todavía no se había logrado organizar una administración unificada.
Las guerras de religión y el origen del absolutismo
Luego de la muerte de Enrique II de Valois, comenzó un largo conflicto religioso entre los hugonotes (protestantes franceses) y los católicos, dando origen a una guerra civil con la monarquía vacante. Esta lucha desencadenó conflictos sociales más profundos; y pronto se enfrentaron por el poder las familias más importantes de la nobleza francesa.
Para sobrevivir los pequeños propietarios rurales sin recursos se unían a los ejércitos católicos o protestantes. Los impuestos reales que había que pagar para la guerra, llevaron a las ciudades a la miseria. Se originó levantamientos entre los campesinos hambrientos por la devastación del campo de las constantes campañas militares.
Hacia 1590, la nobleza se reunificó por el descontento rural y urbano. El hugonote Enrique de Borbón, en 1593, aceptó convertirse al catolicismo y desde entonces fue reconocido por los nobles católicos y protestantes como Enrique IV de Francia, fundador de la dinastía de los Borbones. Enrique IV reconstruyó la ciudad de París y la convirtió en capital permanente del reino y sede de la monarquía.
Se tomaron medidas para lograr la recuperación de la agricultura y el comercio de exportación y la monarquía recuperó su prestigio entre la sociedad medio siglo después. En 1598 cuando el Edicto de Nantes garantizó a los hugonotes libertad de conciencia, una limitada libertad de culto, y derechos políticos y militares, se consolidó la paz. Sobre estas bases, y a lo largo de todo el siglo XVII, se consolidó el poder absoluto de la monarquía francesa.
EL GOBIERNO DE ENRIQUE IV
Enrique IV ganaba reputación de rey fuerte, implacable con los podemos, generoso con los pobres y ií5amparados. Aunque su "generosidad" mayor se manifestase hacia los burgueses, también el pueblo lo tenía por buen monarca.
"Si conquistara el corazón de mi pueblo —dice el rey— tendría lo que anhelo. Y, si Dios me concede bastante tiempo, trataré de que no haya campesino en mi reino que no tenga una gallina en su olla". Para los campesinos, mayoría de la población, Enrique es el soberano que trajo paz a los campos, el gobernante que alivió los impuestos.
"Si conquistara el corazón de mi pueblo —dice el rey— tendría lo que anhelo. Y, si Dios me concede bastante tiempo, trataré de que no haya campesino en mi reino que no tenga una gallina en su olla". Para los campesinos, mayoría de la población, Enrique es el soberano que trajo paz a los campos, el gobernante que alivió los impuestos.
El rey toma otras medidas favorables al desarrollo de la agricultura: prohíbe a los nobles cazar en las viñas y : ampos de trigo durante la primavera, impidiendo que se destruya el trabajo de meses de los agricultores: prohíbe a los recaudadores de impuestos la confiscación de animales o instrumentos de trabajo, en caso de deudas o impuestos atrasados; facilita a los campesinos en mejor situación financiera y la adquisición de tierras. Tras esas disposiciones está la figura de Sully. El superintendente de las finanzas considera la riqueza agrícola como la 5alvación de Francia.
Esta no es la opinión de Laffemas, también consejero del rey. Francia pierde millones en oro y plata al importar de Italia artículos de lujo, tales como sedas, tapices y objetos de adorno, dice. Aboga por la instalación inmediata en Francia de manufacturas, no sólo para consumo interno, sino también para producir cupos exportables. Mediante este sistema —conocido como mercantilismo— el dinero entrará a Francia en lugar de abandonarla, explica Laffemas.
En un punto, al menos, se llega a una forma de acuerdo que satisface a los dos consejeros: se desarrolla el cultivo de la morera, cuyos hojas sirven de alimento al gusano de seda. En consecuencia, se instalan grandes manufacturas textiles en París, Lyon y otras ciudades. "Cubriremos la Europa del Norte de hilos de seda francesa", afirma Enrique IV. No se llega a la realización de un objetivo tan ambicioso, pero ,el hecho es que los tejidos franceses rivalizan muy pronto con los italianos y flamencos.
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